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La próxima Copa Mundial de la FIFA (Federación Internacional de Futbol Asociación) 2026, tiene tres países anfitriones: Canadá, México y Estados Unidos, lo que significa que las responsabilidades surgidas por el evento serán compartidas entre los tres.

Sin embargo, Estados Unidos ha sido objeto de un escrutinio considerable sobre su idoneidad para albergar el torneo pues bajo la administración Trump, se han producido numerosos cambios en las políticas exteriores e interiores, especialmente en materia de inmigración y la aplicación de aranceles.

La dura postura de Trump sobre la inmigración se pone en evidencia en la Orden Ejecutiva 14159, titulada “Protegiendo al Pueblo Estadounidense de la Invasión” cuya cuarta sección describe las Prioridades de Aplicación Civil, que básicamente permiten a los jefes de los departamentos de inmigración y seguridad tomar las medidas que consideren necesarias para proteger la seguridad pública y los intereses de seguridad nacional.



Esto puede representar un problema, ya que la FIFA tiene una audiencia diversa de aficionados, con 29 millones de hispanos solo en Estados Unidos y, una expectativa de recibir 2.5 millones de visitantes extranjeros, que dado el nivel previsto de presencia policial en los estadios, podrían decidir no asistir, lo que afectaría la asistencia local a los partidos y socavaría el mensaje más amplio de unidad internacional de la Copa Mundial.

Otro asunto a considerar es la diferencia que en los procesos de visados existe con respecto a las dos Copas Mundiales anteriores, cuando se agilizó el proceso para los asistentes, cosa que en esta ocasión, Estados Unidos aún no lo ha ofrecido, lo que dificulta aún más la asistencia al torneo para los aficionados.

Además, la administración Trump también ha implementado una prohibición de viaje que afecta a 19 países, desde Cuba hasta Sierra Leona. Esto significa que si los ciudadanos de estas naciones no son atletas o personal, no podrán asistir.

Pero para darnos una idea de lo que espera al mundo este verano, no tenemos que ir muy lejos, basta recordar que el verano del año pasado, Estados Unidos fue sede del Mundial de Clubes 2025.

El evento se desarrolló en doce estadios de todo el país, desde Cincinnati hasta Washington y contó con la asistencia de unos 2.5 millones de aficionados que asistieron a los partidos, de los cuales 1.5 millones fueron extranjeros.

Luego del Mundial de Clubes, un total de 145 quejas recibidas por la FIFA relacionadas con problemas de derechos humanos que abarcaban desde inquietudes sobre la aplicación de políticas federales, condiciones inseguras debido al calor extremo, discriminación y problemas de accesibilidad.

En particular, la presencia de funcionarios del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) en los estadios, creó un ambiente de intensa vigilancia que incomodó a algunos espectadores.

Sin embargo, con las políticas migratorias actuales, es probable que aumente la ansiedad en las comunidades migrantes y entre los aficionados internacionales, lo que sin duda, impactará no sólo en la asistencia sino en el ambiente en las tribunas.

Recordemos, que de los tres países sede del Mundial, Estados Unidos es el que mayor cantidad de juegos tiene programados, y algunas de las selecciones más populares como Alemania, Brasil, Argentina, y España, tienen sus sede en aquel país, así que el impacto de las políticas migratorias impactará proporcionalmente al evento deportivo.

En fin, no queda más que esperar y ver cómo evolucionan las cosas de aquí a junio, mientras tanto, los mexicanos tendremos la opción de quedarnos en el país para disfrutar de algunos de los partidos importantes, como la inauguración con el partido de México contra Sudáfrica en el Estadio Azteca programado para el 11 de junio, o el Uruguay contra España que se jugará en Guadalajara el 26 de junio.

Alistemonos pues, para vivir la intensidad del futbol.



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