Salvaguardar la biodiversidad del planeta podría lograrse con la expansión moderada pero estratégica de las áreas naturales protegidas, esto de acuerdo a un estudio publicado en la revista Nature y elaborado por investigadores de diversas univernisades.
En el documento, se toma como referencia los ecosistemas de manglares, especia que se enfrenta a graves amenazas climáticas.
“Utilizando los manglares como caso de estudio, evaluamos la eficiencia de la protección de los manglares en redes de reservas climáticamente inteligentes frente a las que no lo son. Observamos que los planes de conservación climáticamente inteligentes podrían generar beneficios considerables de 13.3 por ciento, con aumentos relativamente moderados de las áreas protegidas de alrededor del 7.3 por ciento”, señalan los investigadores.
Además, los investigadores plantean que los planes transfronterizos, que implican la cooperación entre países, requieren menos área y protegen más manglares resilientes al clima que los planes nacionales.
“La implementación de estas estrategias mejoraría la red actual de áreas protegidas de manglares, que actualmente presenta una baja resiliencia climática”, añade.
De acuerdo al artículo, la metodología podría probarse en otros ecosistemas, suponiendo que exista suficiente información sobre su distribución, biodiversidad y resiliencia al cambio climático.
El estudio demuestra que con la expansión estratégica de las áreas protegidas para incluir los sitios más resilientes al clima es posible puede salvaguardar la biodiversidad y los servicios ecosistémicos para el futuro.
Así mismo, enfatiza que esto puede lograrse con solo un aumento moderado del área protegida.
“Los planes de conservación climáticamente inteligentes abordan estos desafíos garantizando la protección de algunas áreas resilientes al clima. Integrar el cambio climático en el diseño de los planes de conservación suele considerarse demasiado costoso, ya que puede requerir redes más amplias o la protección de sitios más costosos desde una perspectiva de conservación”, señala el documento.
En la elaboración del estudio participaron investigadores de la School of the Environment de la University of Queensland; del Centre for Biodiversity and Conservation Science (CBCS) de la University of Queensland, Australia; del Institute for Marine and Antarctic Studies, University of Tasmania, Australia; y del Systems Ecology and Resource Management Unit, Department of Biology of Organisms, de la Université Libre de Bruxelles, entre otras instituciones.
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