Con más de dos siglos de historia, el Camino del Peregrino es un sendero profundamente arraigado en la fe y la devoción razón por la cual se ha convertido en uno de los caminos más emblemáticos de Jalisco, recorrido cada año por más de tres millones de peregrinos.
El viaje comienza en el pueblo de Lagunillas, en el municipio de Ameca, y concluye en su destino final: la Basílica de Nuestra Señora del Rosario en el Pueblo Mágico de Talpa de Allende.

Si bien el camino se puede recorrer durante todo el año, la mayor afluencia se registra en marzo y durante la Semana Santa.
Al pasar por los municipios de Ameca, Tala, Mixtlán, Atenguillo, Guachinango y Talpa de Allende, el camino entrelaza la devoción religiosa con el patrimonio cultural de Jalisco.

Durante este tiempo, las comunidades a lo largo del camino se convierten en espacios de apoyo, encuentro y hospitalidad para millones de peregrinos.
Una de las características distintivas del camino es la integración de la arquitectura contemporánea en diálogo con el paisaje natural.
Nueve monumentos y áreas de descanso fueron diseñados por arquitectos de renombre internacional como Tatiana Bilbao, Ai Weiwei y Alejandro Aravena, entre otros.

Ubicadas estratégicamente a lo largo de la ruta, estas obras se han convertido en símbolos de reflexión, gratitud y solidaridad para quienes emprenden el viaje.
La llegada a Talpa de Allende marca el final de la peregrinación y el comienzo de una experiencia cultural más amplia.

Además de la Basílica, los visitantes pueden explorar el Museo de Arte Sacro, pasear por la calle Oaxaca con sus coloridos murales, disfrutar de la reconocida tradición dulcera del pueblo —famosa por sus dulces de guayaba, rollos de mango y chiltes— y descubrir el singular Bosque de Arce.
Durante la Semana Santa, Talpa se convierte en un escenario donde convergen la fe, la identidad y diversas expresiones culturales, reafirmando la Ruta del Peregrino como uno de los símbolos más significativos del turismo religioso en Jalisco.




