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Madeira, en Portugal, es mucho más que una isla, es un lugar místico, de descubrimiento de la naturaleza y de nosotros mismos.

Entre el azul del mar y el verde esmeralda de la vegetación destaca el exótico colorido de las flores, en un archipiélago en el que dos tercios de su superficie son área protegida y en el que se encuentra el mayor bosque de laurisilva del mundo.

Esta hermosa isla, se asemeja al cuerpo humano, y al igual que en nosotros se presenta la dualidad de cuerpo y alma, Madeira se forma por contrastes entre el profundo océano y las altas montañas, el sol y la nieve, el azul del mar y los exuberantes colores de las flores.



Buscada desde hace mucho tiempo por sus cualidades terapéuticas para la cura de enfermedades, esencialmente de tipo respiratorio, Madeira sigue ofreciendo condiciones excepcionales como destino de salud.

En esta isla de aguas tranquilas y cristalinas, podemos sacar partido a los extractos de algas y plantas, al fresco aroma de las flores, al aire 100 por ciento puro, junto con el clima templado, y renovar nuestra energía.

La gran mayoría de los establecimientos hoteleros ofrecen un amplio abanico de opciones – piscinas naturales, saunas y centros de masaje.

Algunos son verdaderas “estancias de salud”, complementando la oferta con servicios de talasoterapia, hidromasaje, baño turco y centros de estética, aunando el componente médico al estético.

Con elementos tan saludables como naturales, Madeira ofrece las condiciones esenciales para disfrutar de unas vacaciones relajantes o revitalizantes en cualquier momento del año.



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